Visitas
299
Unique
Visitors
|  Me gusta

Acoso escolar

Si hay un tema que suscita gran preocupación por sus implicaciones personales, familiares y sociales, este es el acoso escolar. Un problema con el que todos hemos convivido, y que hoy está más presente que nunca. Por eso, en este artículo, contamos la opinión de nuestra experta en educación, para analizar los factores asociados a esta lacra social y señalar algunos recursos e iniciativas impulsados en Villalba, porque entre todos podemos construir un mundo mejor…

En la actualidad los medios de comunicación se vienen haciendo eco de diferentes noticias sobre adolescentes y no tan adolescentes, que se ven superados por problemas en la escuela que, desgraciadamente, en muchos casos terminan en tragedia.

Estas situaciones no son nuevas en los centros escolares, pero en los últimos años se ha visto acrecentadas por diferentes razones sociales y por la llegada de las nuevas tecnologías y el impacto que estas están teniendo en los jóvenes. Problemas que hace años surgían a partir de la adolescencia, principalmente en los institutos, se han trasladado a las aulas de los colegios de infantil y primaria, y hacen que se tenga que empezar a tomar medidas contra este tipo de situaciones desde edades tempranas.

Cuando hablamos de acoso escolar, podemos diferenciar entre diferentes tipos, aunque a menudo aparecen de manera simultánea.

Respecto a su forma, el acoso puede ser físico (empujones, patadas, agresiones con objetos, etc.) o verbal (insultos, motes, menosprecios en público, resaltar defectos físicos, etc.) El primero de ellos es más frecuente en primaria que en secundaria, pero el segundo es el más habitual y más difícil de detectar, ya que por lo general se da únicamente en el entorno social del alumno y muchas veces pasa desapercibido para los adultos.

Respecto a su repercusión, esta puede ser psicológica (socavan la autoestima del individuo y aumentan su sensación de temor) o  social, donde se pretende aislar al joven del resto del grupo y compañeros, dejándolo en ridículo o apartándolo de ciertas actividades. Este aislamiento se consigue mediante varias técnicas que incluyen: difundir rumores, rechazar el contacto social con la víctima, amenazar a los amigos, hacer criticas de la persona aludiendo a sus rasgos físicos, grupo social, forma de vestir, religión, raza, discapacidad, etcétera.

Por último tendríamos que diferenciar entre acoso directo, que es la forma más común entre los niños, o acoso indirecto, aquel que se identifica por intentar lograr el aislamiento social del individuo.

Los últimos años, como comentábamos anteriormente, y debido a la aparición de las redes sociales y a la cada vez más temprana edad de incursión en ellas, han aparecido nuevas formas de acoso, como el denominado ciberbullying o ciberacoso. Este se caracteriza por el uso de medios de comunicación digitales para acosar a un individuo o grupo de individuos, mediante ataques personales, divulgación de información confidencial o falsa, etc. Dentro de este tipo de acoso encontramos también diferentes formas como son el sexting, termino que se usa para referirse al envío de contenidos eróticos o pornográficos por medio de teléfonos móviles sin el consentimiento de la persona o personas implicadas, o el groming, conductas y acciones deliberadamente emprendidas por un adulto con el objetivo de ganarse la amistad de un menor, creando una conexión emocional con el mismo, con el fin de disminuir las inhibiciones del niño y poder abusar de él.

acosoPero en cualquier situación de acoso siempre cabe distinguir entre tres agentes implicados. El acosado, el acosador y el espectador, y cada uno de ellos pueden experimentar situaciones y problemas diferentes que deberán ser tratados de la manera adecuada.

La víctima suele presentar problemas de fracaso escolar, dificultades escolares, niveles altos y continuos de ansiedad., insatisfacción, fobia a la escuela, riesgos físicos, personalidad afectada, baja autoestima, aislamiento de la sociedad, cuadros depresivos o reacciones agresivas entre otros. La situación del maltrato destruye lenta pero profundamente, la autoestima y la confianza en sí mismo del escolar agredido, que puede llegar a estados depresivos o de permanente ansiedad y que, como poco, le harán más difícil su adaptación social y su rendimiento académico. Y en otros casos pueden darse situaciones verdaderamente extremas como el suicidio.

Por otro lado, convertirse en el agresor puede suponer una forma de aprendizaje sobre cómo conseguir los objetivos en la vida. El agresor domina a otra persona, le roba, se apropia de sus cosas, abusa de ella e impone una forma de poder no solamente sobre la víctima, sino también sobre todos aquellos que están presenciando la situación y que prefieren no actuar por miedo. Entonces la figura del agresor cobra importancia y el aprendizaje que resulta de esta serie de acciones suele repetirse como un patrón de comportamiento aprendido. Hay que tener en cuenta que en muchos casos, la figura del agresor responde a casos en los que él mismo ha sido victima de abusos o agresiones, y por tanto es frecuente que este perfil de victimas repitan en un futuro estos comportamientos. Debemos por ello tener en cuenta este dato, ya que una situación de acoso escolar nos puede estar alertando sobre otro problema oculto detrás de ella, y que la mayoría de las veces viene derivado de la situación familiar del agresor.

El último agente implicado serían los espectadores, aquellos que presencian el hecho pero no lo denuncian por miedo, indiferencia, o desconocimiento. Es por tanto uno de los aspectos más importantes a trabajar, ya que en la mayoría de las situaciones de acoso escolar, son los propios compañeros los primeros en hacerse eco del problema y la mayor baza con la que podemos contar los docentes para denunciar este tipo de agresiones, que normalmente se dan a espaldas del adulto, en lugares aislados y a solas, siendo muy difícil su detección si el menor no lo transmite, ya sea a los profesores del centro o a su propia familia.

acoso escolarDesde diferentes ámbitos educativos en Collado Villalba hace ya tiempo que se vienen tomando diversas medidas para garantizar una buena convivencia en los centros docentes e inculcar a los alumnos buenas prácticas, valores y comportamientos adecuados, y evitar en la medida de lo posible, la aparición de este tipo de casos de acoso. No en vano, todos los profesionales relacionados con la educación coinciden en que la mejor prevención es una educación temprana adecuada, tanto desde las familias, como desde la propia escuela, donde se forme a los alumnos para la obtención de una serie de valores apropiados y respetados por la sociedad, así como en el manejo de sus emociones y en la resolución pacífica de conflictos, concienciando de igual forma a toda la comunidad educativa de la importancia de detectar y denunciar cualquier tipo de acoso que puedan observar.

Para ello se debe formar a los docentes en la detección y actuación ante este tipo de casos, así como proporcionar información tanto a las familias como a los alumnos.

Cabe resaltar en este ámbito un programa creado desde diferentes colegios e institutos de Collado Villalba, con la colaboración de los servicios de asuntos sociales, y asociaciones como Carmelitas y Aldeas Infantiles: la “Comisión de buenas practicas de convivencia”.

Desde esta comisión, se pretenden impulsar en los centros docentes diferentes proyectos enfocados a mejorar la convivencia en las aulas y a prevenir problemas derivados de los conflictos que puedan surgir a estas edades. Esta comisión se reúne mensualmente en los diferentes centros que participan, para comentar experiencias, y contrastar resultados, y organizan anualmente un encuentro en el Centro Cultural Peñalba donde a través de conferencias y mesas redondas se dan a conocer estos programas y proyectos.

Uno de estos proyectos es, por ejemplo, el que lleva a cabo el CEIP Miguel de Cervantes que desde hace varios años ha implantado su programa de alumnos mediadores, por medio del cual, representantes elegidos entre sus compañeros y por recomendación de los docentes, entre los alumnos con mayores habilidades sociales, se encargan de gestionar los conflictos que puedan suceder en su aula, así como en los momentos de patio. Para ello reciben una formación específica en mediación, cuentan con una zona específica para ello, se reúnen mensualmente con la comisión de mediadores del centro, y hacen participes semanalmente a los tutores, en las horas de tutoría del grupo, de los conflictos y problemas que puedan haber surgido en el aula. De esta manera se consigue involucrar a los alumnos en el mantenimiento del orden y la convivencia del centro, y se convierten en una herramienta fundamental en la lucha contra el acoso, ya que son observadores de primer orden de las conductas de sus compañeros, y la mayoría de las veces los primeros en detectar y conocer un problema de este tipo, que muchas veces, por miedo, algunos niños no son capaces de transmitir ni a sus familias ni a otros adultos.

El acoso escolar es un problema real y presente en las aulas, y todos debemos tomar conciencia de ello. Ante el acoso, tolerancia cero.

 

Compartir es vivir...Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterEmail this to someone