Visitas
77
Unique
Visitors
|  2

Cómo conservar la autoridad…

¿Habéis oído hablar del coaching sistémico de familia y educativo? Nuestra invitada Susana es la encargada de acercarnos a este mundo que nos dará las claves para mejorar la relación entre niños y adultos. En esta ocasión nos habla de cómo conservar el sentido de la autoridad con los menores y no morir en el intento.

Me presento: Soy Susana García Gutiérrez, coach sistémico de familia y educativo, formadora, madre soltera, emprendedora y vecina de Collado-Villalba. Fundadora y directora de Centro Fames (Centro de Formación para Familia y Escuela).

Retomo uno de los temas que más preocupan a los padres, también a los profesores, y que yo abordo desde el coaching de familia y educativo y la pedagogía sistémica desde los inicios de mi andadura como coach.

La diferencia de revisar el sentido de autoridad con una visión coach sistémico, a diferencia de alguien que no lo es, está en el lugar donde ponemos el foco. Nuestra forma de ver es siempre tomando conciencia personal y asumiendo que solo podemos cambiar nuestras conductas, no podemos obligar a nadie a que cambie las suyas. Por tanto, una persona que trabaje con nosotros se concentrará en tomar conciencia de sí misma y a partir de ahí tomar acciones en aquello que quiera mejorar. La magia, como decía Viktor Frankl en su libro “El hombre en busca de sentido”, está en cambiarnos nosotros mismos cuando no podemos cambiar las circunstancias.

Si llevamos esto a la familia o a la escuela, generalmente el problema de autoridad se enfoca principal y únicamente en los niños. De ahí salta directamente a los padres, a los educadores directos. Bajo el argumento que no han sabido poner límites y no le enseñaron a respetar la autoridad.

Es cierto que los padres somos los primeros y más importantes responsables en la educación de nuestros hijos. Ahora bien, he conocido situaciones y trabajado en casos en los que un mismo niño o niña respetaban la autoridad de un adulto y de otros no: podía ser respetar a una tía y no a su madre, considerar autoridad a su madre y no a su padre, etc.

¿Entiendes el porqué de mi introducción ahora? Porque aun teniendo la premisa que sus comportamientos van a estar directamente relacionados con el aprendizaje en casa, también hay otro factor a tener en cuenta. Hay adultos que son capaces de “convertirse en autoridad” para los chicos y quiénes tienen dificultades para ello.

Tanto si eres padre o madre, como cualquier otro tipo de adulto que se relaciona con los chicos desde la escuela, te interesará saber que estos 3 comportamientos son un billete directo al banquillo, habrás perdido buena parte de tu autoridad, o quizá toda.

Estos son esos comportamientos:

  1. Actúas con incoherencia e incongruencia en tu vida.

Este suele ser uno de los grandes disparadores de la falta de autoridad. Y lo más importante es como la mayoría de adultos tienen poca conciencia sobre estos comportamientos propios. También, socialmente, estamos rodeados de estas incongruencias.

La coherencia tiene que ver con aquello de: pensar-decir-hacer en consonancia. Es decir, di aquello que piensas y haz aquello que dices. Vive según estás enunciando.

¿Nos vamos acercando a que tomes conciencia? Si respondes a algunas de estas preguntas al mayor estilo coaching vas a darte cuenta: ¿Alguna vez has dicho mañana haré tal cosa y no lo hiciste? ¿Rompes tus compromisos con las personas? ¿Enseñas a tus hijos a ayudar a otros y cuando tú tienes la oportunidad pones excusas? ¿Pides a tus hijos que coman sano y tú no lo haces? ¿Cuentas mentiras y las justificas? ¿Les haces promesas y no las cumples? ¿Les gritas para decirles que no griten?

Estas y otras muchas situaciones se dan en la mayoría de las familias. Ahora suma a esto que sea habitual. Cuando conviertes en hábito este tipo de comportamientos tiene sus consecuencias, sí. Y ellos, los chicos, nuestros grandes espejos solo te están mostrando con su forma de actuar que necesitas mirar dentro de ti.

Querer inculcar en otros aquellos que tú mismo no vives es más que difícil, es ilusorio. Ellos no hacen lo que tú dices, sino que hacen lo que tú haces.

  1. Faltas el respeto a ellos o a otros.

En el punto anterior hago reflexión sobre pedir a los chicos que no griten mientras se lo dices gritando. Todavía peor, para decirle que no pegue a otros le das unos cuantos cachetes o golpes. Eso, además de incongruente, es una total falta de respeto.

Si queremos respeto, respetemos. Si queremos que nos traten educadamente, seamos educados con ellos. Si queremos ser una autoridad, entendida como un referente para ellos, hagamos cosas que de verdad nos conviertan en autoridad (más allá de la ostentada por jerarquía).

Los padres están antes que los hijos, somos una generación anterior, aunque estar antes y ser más grandes no significa estar por encima de ellos. Una persona se muestra realmente Grande con mayúsculas cuando es capaz de incentivar al otro, cuando le muestra el camino a través de sus actos, cuando se gana su respeto también.

A veces los chavales nos sacan de nuestras casillas, recordemos que están en proceso de evolución, son ellos quienes aprenden de nosotros. Perderle el respeto es mostrarle que cuando se es más grande y más fuerte se puede admitir ese camino. Con la lección bien aprendida, saldrán al mundo, esperarán y cuando sean grandes y fuertes, ¿tú qué crees que harán?

Gritar, pegar, minimizar a otros no nos da la razón, solo genera miedo y obediencia ciega. Quizá haya quien se conforme con esto, el problema vendrá cuando el chico o la chica deje de obedecer a sus padres o maestros para seguir el criterio de otros, el grupo, dado que no tiene un criterio propio. Entonces obedecer ciegamente sin criterio se puede convertir en un verdadero caldo de cultivo para entrar en situaciones de peligro.

Una autoridad que se basa en el miedo fácilmente se convierte en autoritarismo, piensa en ello como adulto y toma tus decisiones.

  1. Te comportas con criterios volubles e inconcretos.

Muy relacionado con el primer punto y el hábito. Si el resultado de una acción varía cada día, si las consecuencias son hoy si y mañana no. Si al educar todo depende de tu estado emocional de ese día: hoy todo son risas aunque tus hijos hayan tenido conductas reprobables; o por el contrario hoy llegaste con un gran enfado a casa y ante cualquier pequeña incidencia terminas en gritos y peleas.

La forma de conducirte no solo ha de ser coherente en el pensar-decir-hacer, sino que esto es imprescindible trasladarlo a lo largo del tiempo con una relación uno a uno para cada tipo de situación.

Esto va muy relacionado con las normas. Si hay una norma o una tarea (un acuerdo cuando van creciendo porque adolescencia es símbolo de negociación), tendrá unas consecuencias y responsabilidades si se realiza, al igual que otros resultados si no se hace. Esos dos resultados necesitan estar definidos claramente y conocidos de antemano por todos los participantes en ello.

Si las claves no están entendidas, o si tú decides que hoy estás de buen humor y se las puede saltar sin consecuencias, pero mañana estás cansado y enfadado, le castigas de malos modos, las consecuencias serán que finalmente no hagan ni caso, estén inseguros y atemorizados por no saber qué sucederá hoy.

Tu estado de ánimo es importante, asegúrate que no afecte en este sentido. Las normas o tareas estarán perfectamente definidas, sea cual sea tu humor, y los resultados y consecuencias van a ser marcados en ese sentido, independientemente de cómo te sientas.

Además, esta situación da dos extremos, va desde lo más dictatorial a una permisividad sin control. Si fluctúas mucho entre ambas, ellos también.

¿Quiere decir esto rigidez? Es lo que suelen preguntarme los alumnos. Para nada, la flexibilidad es un valor. ¿Cuándo? Cuando realmente sea necesario y en ocasiones especiales, definiendo e informando de este tipo de situación excepcional. ¡Ah! Y que realmente sea excepcional, si cada semana hay una o dos de esas vuelves a la fluctuación.

Quienes se balancean de continuo en estos extremos pierden la confianza de sus hijos, o alumnos, en ese aspecto, en consecuencia, mucha de su autoridad.

Ahora ya tienes una idea por dónde puedes empezar a revisar tus comportamientos como adulto. Ese trabajo para ser mejor observador, una cualidad coach importante, porque para cambiar las cosas fuera es necesario empezar desde dentro.

Si quieres saber más o descubrir una infografía con las 10 incoherencias más comunes, no tienes más que escribirme o suscribirte a alguna de mis páginas web.

Espero y deseo que para este nuevo año disfrutes de mayor paz en casa ayudado de coherencia, respeto y criterio.

 

Compartir es vivir...Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterEmail this to someone