El Poder de las Palabras

Mensajes negativos ¿Cuántas veces escucha un niño la palabra NO a lo largo del día? Debemos tener muy en cuenta el poder de las palabras y que, a veces, repercuten directamente en su desarrollo como persona. Las palabras tienen el poder de destruir o de crear. Tú eliges…

Decir NO a nuestros hijos los limita y conlleva una connotación negativa de sus actos. Debemos educar en positivo, esto implica un cambio de lenguaje y actitud de nuestra parte.

Probablemente no caemos en la cuenta de la cantidad de mensajes negativos que recibimos en forma de palabras, gestos y actitudes no sólo de los demás sino de nosotros mismos. Echando la vista atrás, en nuestra infancia, u observando la forma de hablar de los adultos hacia los niňos podemos contar una larga lista de palabras con carga negativa: no hagas eso, no toques eso, cuidado que te vas a caer, te vas a hacer daño, no puedes, así no, ahora no, no, no y no.

El poder las palabras tiene un efecto muy poderoso en nosotros y en los demás. Prueba a despertarte con una frase motivadora y tu día empezará de otra manera. En cambio si te dices lo horrible que será el día efectivamente así será. Entra en un establecimiento con un “buenos días” y una sonrisa de oreja a oreja e inmediatamente la vibración de la persona que te atiende será positiva.

El Dr. Masaru Emoto hizo una importante aportación a la neurolingüística, no exenta de polémica y retractores, al demostrar empíricamente la importancia de las palabras a nivel incluso de la estructura molecular de los materiales estudiados. En estos experimentos se puede ver cómo las muestras utilizadas evolucionan de manera diferente según el mensaje que se atribuyera a cada una.

Por ejemplo la muestra de arroz a la que se asocia una frase negativa termina pudriéndose, mientras la que lleva asociada una frase o palabra positiva desprende incluso buen olor. Lo mismo pasa con muestras tomadas de agua congelada al ser observadas con microscopio. La estructura de sus moléculas se dispone formando figuras espectaculares en el caso de los mensajes positivos, y caótica en el caso de los mensajes negativos. Lo que concluye el doctor, es que el ser humano, al estar compuesto de gran cantidad de agua, se verá afectado ya no sólo a nivel psíquico ante las palabras con carga negativa sino a nivel físico.

La infancia es la etapa más valiosa y crucial de nuestras vidas, y el adulto tiende a hacerla suya desde su experiencia y necesidad de mejorar lo que en la suya propia no fue bien. Imaginaos la importancia que puede llegar a tener el bombardeo de mensajes negativos en un niňo.

Debemos aprender a identificar lo que es un peligro real de lo que es un miedo propio, que infundamos en el niño y grabamos a fuego para el resto de su vida. Esto tendrá sus consecuencias en la personalidad adulta, dando paso a la inseguridad, temor y miedo irracional, poca capacidad de innovación, con escasa tolerancia al fracaso, frustración, etc. Prueba a utilizar expresiones en positivo.

Se puede decir lo mismo pero cambiando la carga negativa por la positiva. Por ejemplo en lugar de decir “así no” diremos “mejor si lo haces así”, o en lugar de decir “al final te vas a caer” decimos “agárrate lo más fuerte que puedas” o “mira bien el suelo” o “lo estás haciendo muy bien prueba a ver si puedes bajar ahora”. Pensemos además que el niño está en continuo experimento y sólo necesita la seguridad de saber que tendrá ayuda en caso de estar en apuros, sin que el adulto se adelante a los acontecimientos.

Las palabras tienen el poder de destruir o de crear, al decirlas hacemos tangible el pensamiento. Párate a observar los automatismos que utilizas en tu día a día. Pronto descubrirás que hay un gran número de expresiones destructivas que repites inconscientemente: “no puedo”, “vaya día me espera”, “qué mal he dormido”, “estoy cansado”, “siempre me pasa lo mismo”, “al final llego tarde”, “no me da tiempo”, “esto no me sale”… Cambia el “tengo que” por el “quiero”, dí que puedes, que llegarás, que será un gran día, que lo has hecho lo mejor que has podido, que esta noche dormirás mejor…

Es tan sencillo como detectarlo, hacernos conscientes y el mecanismo se irá desactivando poco a poco. Los niňos no tienen miedo, no existe el no en su vida, para ellos todo es posible. Dejemos esa inocencia intacta y utilicemos las palabras de manera responsable y consciente, sabiendo que tienen un poder inmenso no sólo en nosotros mismos, nuestro estado de ánimo e incluso nuestra salud mental y física, sino en los demás, su crecimiento personal y su manera de relacionarse con nosotros.

 

 

Compartir es vivir...Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterEmail this to someone