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#QuienOpina: Laura Aparicio

Dice que septiembre es el mejor mes para  concebir… Pero lo cierto es que quedarse embarazada no siempre resulta una tarea fácil, es más, las probabilidades de tener un embarazo durante los años más fértiles de una mujer, entre los 23 y los 25, es de un 35 por ciento, lo que demuestra que lo normal es que sea muy difícil concebir, y no lo contrario. Por suerte, en pleno siglo XXI tenemos otras alternativas. Por ejemplo, en nuestro país vecino, Portugal, se ha aprobado la “Gestación Subrogada”… Laura nos da su opinión acerca de este nuevo método para ser padres… Y tú, ¿qué opinas?

Son más de las cuatro y media de la tarde y no llego a la consulta del médico. Voy a por recetas y como siempre, llego tarde.

Al entrar en la salita de espera, me quedo observando a una mujer de entre 35 y 40 años; está absorta mirando a dos niños, de entre 4 y 5 años, que tiene frente a ella.

Me se la consulta de memoria y el nombre de la doctora, llevo casi tres años viviendo en Villalba, y el Centro de salud, que está en la calle de los Madroños, junto a la estación de trenes, me pilla muy a mano.

Espero a que salga la doctora de turno, la nuestra está de baja por enfermedad y, aunque la suplente también es muy maja, todos los pacientes echamos en falta a Cristina, que así es como se llama.

El cariño que transmite al atendernos, su eficacia, profesionalidad, pero por encima de todo, su cercanía y confianza, hace que a los pacientes nos encante que nos trate ella, y no nos importe esperar los más de tres cuartos de hora que emplea entre uno y el siguiente.

Hoy va a ser diferente, lo sé por el ambiente que se respira, y por esa mujer que mira embelesada a los pequeños que juegan sin descanso.

Me siento a su lado, no queda otro sitio libre y espontáneamente entablo conversación. Se llama Juana, es de Valladolid, pero por causas un poco extrañas (me relata episodios bastante “surrealistas” del aterrizaje en este pueblo) se instaló en Villalba y lleva casi 10 años en este lugar, cada día más poblado de gente de aquí y de allá.

Le pregunto si tiene hijos, me responde con un movimiento negativo, añadiendo casi por inercia que lleva mucho tiempo intentando quedarse embarazada, pero que sus óvulos “envejecidos” no pueden y que su marido está muy cansado de esperar y esperar.

-Imagino: ¿Debe de ser mucho peor para ti? Porque él, solo espera. Sin embargo, en ti recae toda la responsabilidad. –

– La verdad, es que para mí es muy difícil trasmitirle mi desazón, porque el sentimiento de una madre es muy diferente al sentimiento que pueda tener él. –

Bueno Juana (le digo en tono amable y quitándole hierro al asunto, al sentir que lo debe de estar pasando mal): – ¿Por qué no miras otras alternativas que no conlleven ser madre natural?

-Es bastante complicado adoptar, además, hay mucha lista de espera y demora por cuestiones burocráticas y mi marido está harto de esperar y esperar. –

-Bueno: ¿Has pensado en la fecundación in-vitro? –

-Ya van tres veces, y cada vez más dinero y peor…-

-Entonces: ¿Para que sigues insistiendo en quedarte embarazada, si tu cuerpo, por lo que sea, te dice que no? –

– Ella continúa con sus múltiples explicaciones: que si su marido quiere un hijo, y encima varón, que lleva más de cinco años yendo puntual a la iglesia a rezar, no pide por él, ni por mí, que ya pide directamente por los tres.

No aguanto más que todas las veces incorpore a su esposo como protagonista de la fecundación y le digo un poco airada.

-Perdóname si soy un poco entrometida:  pero parece que el que va a parir es él y no tú. –

-Tienes razón, a veces me siento presionada y no sé muy bien ni lo que quiero, ni lo que voy a hacer. Lo que tengo claro es que quiero ser madre, aunque no salga de mi cuerpo, probablemente se lo encargue a los “Reyes Magos” antes de que acabe el año. – (Responde con una mueca torcida y sin luz en los labios)

Paro un momento y miro a mi alrededor, los niños ahora están sentados, parece que alguien de la sala los ha mandado callar. Si pudiera, me los llevaría a jugar a la calle, les pediría permiso a sus respectivos progenitores y no dudaría en respirar un poco de aire puro, antes de continuar la interesante conversación, con la improvisada confidente.

Me tira de la manga, en un gesto confiado y quiere confesarme algo que seguramente no se lo haya comunicado ni siquiera a su “obstinado marido”. Y en un arranque de valentía, me suelta a bocajarro que está pensando en “alquilar un vientre” de otra mujer.

Que es su última salvación para consumar el matrimonio. Y ser tres, en vez de dos. La verdadera familia

Me quedo helada. Ya no me sale ni un hilo de voz… pero en un arranque de rabia, y quizá de desesperación, debido a la poca información que de este tema nos llega y a que los protagonistas de la noticia son más hombres que mujeres, por la propaganda que hace de ellos la televisión, le suelto en un ataque de rabia y desesperación:

– Creo que ya sé por dónde van los tiros. ¿Te estás refiriendo a la “maternidad subrogada”?

-Si. Concebir a tu hijo en el vientre de otra mujer.-.

No me gusta nada el cariz que está tomando la conversación y como no quiero ser brusca, le pregunto de una forma educada:

Si realmente piensas que, fecundando el hijo en el vientre de otra mujer, ¿se sentirá igual de “madre”, que si es ella la que tiene durante 9 meses a su hijo respirando por su piel?

 

Prefiere no pensarlo, dice que hay mucha gente famosa, que sale en los medios de comunicación, que ni siquiera tienen pareja y que ya son padres de un niño, de dos, y de más de tres.

-Esas personas, en mi sentir, no respetan a los demás, ni piensan en las consecuencias de todo ello, ni asumen ninguna responsabilidad. –

De nuevo responde que a su marido le parece bien…

Le agarro de los hombros, y con cariño, pero muy seria y con decisión, le pregunto qué es lo que ella quiere. Y, por fin, con lágrimas en los ojos, me dice que no, que jamás podría perdonarse “conseguir” un hijo de una forma tan poco humana.

-Parece que nos entendemos, Juana. Yo no critico, ni juzgo ninguna situación. Sin embargo, considero que en estos casos en el último en que se piensa, es en el bien del pequeño y los posible efectos psicológicos que se esconden detrás de esta práctica.-

-Por otra parte las consecuencias emocionales, físicas y psíquicas, del bebé que va a nacer, son más grandes de lo que nos hacen creer.-

-La mayoría de las personas que acuden a este tipo de “maternidad” son hombres homosexuales que solicitan a través de un contrato mercantil la paternidad. Y, por otro lado, las personas que más duramente están criticando ésta práctica, también pertenecen a este colectivo. –

-Alzan su voz en contra de cualquier tipo de comercialización y luchan en contra del “gaycapitalismo”, (palabra utilizada para resumir el fondo y trasfondo de esta práctica). –

Continúo expresándole mi malestar, sobre esta forma engañosa de suplantar la gestación natural de un ser vivo y le resumo que, en definitiva, un hijo no se puede comprar, ni vender, porque es un ser humano ( siempre atendiendo a un principio ético) y si siguiéramos por ese camino, retrocederíamos a la edad media, donde se compraban y vendían esclavos, como si se tratara de bolsas de patatas o paquetes de sal.

Y después de observar cómo Juana atendía y entendía lo que le quería hacer ver, se levantó de su asiento  con lágrimas en los ojos, pero con una ventana abierta y generosa en su corazón.

Me mostró a través de su agotado semblante, que no hace falta parir a un hijo para sentirse mujer, ni realizada como madre. Basta tener el deseo de saber que si uno quiere: educar, atender, enseñar, mostrar… la vida a un ser humano, hay muchas maneras altruistas y generosas de poder cumplir en la vida ese papel.

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