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Míticos Villalbinos: Miguel “el de Música”

“Uno recuerda con aprecio a sus maestros brillantes, pero con gratitud a aquellos que tocaron nuestros sentimientos.” – Carl Gustav Jung . Todos tenemos ese profesor favorito, mágico, que deja huella en nosotros por su manera de ser… Y para todos aquellos que habéis estudiado en el María Guerrero, seguro que este es uno de los vuestros: Miguel y sus peque-corcheas.

Peque Miguel, el profe de música, así es como le conocemos los cientos y cientos de alumnos villalbinos que hemos pasado por las aulas de este carismático profesor que lleva ya más de dos décadas impartiendo valores en el Instituto María Guerrero.

Este Instituto abría sus puertas en el año 1991… Por aquel entonces no tenía ni nombre, se le conocía como Instituto Collado Villalba II, el I era el Jaime Ferrán, del que os hablamos hace poco…

Míticos Villalbinos: MiguelUn año después de su apertura, llegaba el que, desde entonces, se convertiría en el guardián del aula de música y se encargaría repartir acordes y peque positivos a todo su alumnado, Miguel.

Nuestro entrañable profesor supo desde la adolescencia que quería dedicarse a la enseñanza… “Estudié en Madrid, en el instituto Santa Marta. Tuve profesores muy buenos, y enseguida sentí ganas de imitarlos. Lo que no tuve tan claro, al principio, era la materia; yo estudié Piano y también Filología Clásica, por lo cual, dudaba entre ser profesor de Lengua, Latín, Griego o Música. Finalmente, me decidí por la Música y no me arrepiento. Es una materia con una programación muy flexible, en la que puedes ser más creativo y dar rienda suelta a tu imaginación”.

Y así fue como en octubre de 1986 “empecé a dar clases en un instituto de Madrid, el Cardenal Herrera Oria. Al año siguiente me trasladé al instituto Joaquín Turina, también en Madrid capital, donde permanecí cinco años, después me trasladé definitivamente a Villalba”.

Miguel llegó a nuestro municipio en julio de 1992, “atravesaba yo por unas circunstancias familiares un tanto dolorosas, que me obligaron a abandonar Madrid. Me costaba mucho abandonar Madrid, después de 30 años viviendo allí, y elegí Villalba porque estaba cerca, muy bien comunicada, era un sitio tranquilo (ahora no lo es tanto) y las vistas, el aire y el paisaje serranos, no tienen precio. La verdad, no me arrepiento de la decisión”.

Como os decía, Miguel lleva 31 años impartiendo clase, de los cuales 25 han sido (y siguen sumando) en el instituto María Guerrero. Por sus clases han pasado más de 5000 alumnos… Tras esta larga vida en las aulas, su conclusión sobre la educación es que “después de tantos años de clase, me he dado cuenta de que mi punto de vista sobre la educación es muy utópico. Me explico: muchas veces les pregunto a algunos alumnos por qué se portan muy bien con tal o cual profesor/a, y en cambio, a mí me vuelven loco y no paran quietos, y su respuesta (a lo largo de los años) siempre es la misma: porque nos da miedo.

Por eso digo que mis objetivos son utópicos; yo creo que educarlos es intentar inculcarles que sepan comportarse en cada momento según requiere la situación, pero no por miedo, sino basándose en el respeto al profesor, a sus compañeros y a sí mismos. Sé que es algo muy difícil, pero yo creo que hay que intentarlo. Seguimos dando clase como hace 200 años, el modelo pasa de unas generaciones a otras y a mí me resulta triste porque pienso que, en definitiva, mientras no cambiemos esto, los sistemas democráticos no acabarán de triunfar plenamente”.

No sé que opinaréis vosotros, pero lo cierto es que, para mí, Miguel es ese profesor que ha dejado huella en todos, o la mayoría, de los que hemos sido sus alumnos. Tiene una conexión mágica con nosotros que ha logrado mantener durante años y años, incomparable…

“Pero creo que no es para tanto. Yo tengo que decir que me gustan los adolescentes, sé que cuesta trabajar con ellos, y muchas veces sales con dolor de cabeza, pero me encanta su naturalidad, su espontaneidad, suelen decir siempre lo que piensan, cosa que no sucede cuando somos adultos, porque tenemos que ser políticamente correctos. Tal vez ellos lo notan y por eso se “abren” y hablan mucho conmigo, me cuentan muchas cosas, y yo les escucho con interés, aunque no soy muy dado a dar consejos ni opiniones personales, a no ser que me los pidan. Prefiero contarles cosas basadas en mi experiencia personal, que puedan interesarles y vengan a cuento. También procuro que no falte el sentido del humor, me parece fundamental. Y por supuesto, procuro inculcarles el amor, la pasión y el respeto por la música; eso siempre está presente en mi relación con los alumnos.”

Y para Miguel, nada tiene que ver que unos profesores sean mejores que otros, ni que sean diferentes a él… “No quiero ser injusto con mis compañeros, a los que respeto y admiro muchísimo. Lo que ocurre es que ellos imparten unas materias con unos temarios muy extensos y complicados, están sometidos al estrés y la responsabilidad de la Selectividad, etc …en cambio, mi materia, que a mí me parece fundamental e importantísima, está en otro “plano”, es diferente, tiene una programación muy abierta, muy flexible y menos exigente, y yo creo que eso me permite tener un mayor acercamiento con los alumnos. Por otra parte, la música, tanto si la interpretas, como si la escuchas (clásica, pop, rock, etc), tiene un componente emocional que yo creo que facilita el entendimiento y acercamiento entre profesor y alumno.”

Míticos Villalbinos: MiguelMíticos Villalbinos: Miguel

Y yo no sé si será diferente, si será mejor o más abierto que sus compañeros con los alumnos, lo que sé es que no he conocido nunca un profesor como Miguel. Su comprensión, su integración con los alumnos, su sentido del humor, su espíritu joven y su mente abierta hacen de él un profesor único.

Y aunque algunos ya no podamos disfrutar de él dentro de las aulas tocando unos acordes (aunque él si sigue dando clase), siempre podremos encontrarle por alguno de sus rincones villalbinos preferidos… “Para comer o cenar, me gusta el Restaurante Kandrak, un sitio muy acogedor, donde se come muy bien, para trasnochar y sentirte a gusto, el Límite (antes La Sierra), para desayunar con tranquilidad, el Carrizal . Recientemente, una amiga ha abierto un gastrobar, La Huida, y todo el mundo me ha dicho que es un sitio exquisito. Estoy deseando ir a conocerlo. Y para pasear, el Coto, la Dehesa y las callejuelas de Villalba pueblo.”

¡Larga vida a nuestro inigualable profesor que esperamos que siga muchos años regalando corcheas y sonrisas por las calles de Villalba!

Y aquí nos dedica a todos sus alumnos unas cariñosas palabras que nos llegan al alma… ¡Grande Miguel!

“Qué suerte que en 1992 quiso el destino llevarme a Villalba, si no, me hubiera perdido conoceros… Gracias por todo. Todo lo que me habéis enseñado y todo lo que me habéis dado.

Cuando llegué a Villalba en 1992, estaba deprimido, y me costó bastante adaptarme. Los alumnos me han dado mucha vida a lo largo de estos años. De hecho, sigo en contacto con muchos de ellos a través de facebook, y con un grupo bastante grande, me sigo viendo de vez en cuando y disfruto mucho con esos encuentros.

El caso es que ahora, a pesar de mis 54 años, me siento mucho más vivo y feliz que cuando llegué hace 25 años.

Para despedirme, querría dedicar a todos mis alumnos un fragmento de una conocida canción de Louis Armstrong, ya que siempre que la escucho, me acuerdo de ellos:

I hear babies crying, I watch them grow
They´ll learn much more than I´ll never know.
And I think to myself what a wonderful world
Yes I think to myself what a wonderful world

Escucho bebés llorar, los veo crecer,
Ellos aprenderán mucho más de lo que yo jamás sabré.
Y pienso para mí mismo …¡Qué mundo maravilloso!
Sí, pienso para mí mismo ¡Qué mundo maravilloso!


¡Pequebesos para todos!”

 

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