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QuienOpina: Todos unidos frente al Coronavirus

 

El Coronavirus ha llegado a nuestra vida. Se ha colado en nuestras calles, en nuestras casas, en nuestros miedos. Uno de las mayores desafíos a los que se ha enfrentado nuestra sociedad que, además de enfermedad, crisis y aislamiento también trae un cargamento de lecciones, de heroicismo y solidaridad.

Desde QuienesQuienenVillalba.es queremos poner nuestro granito de arena para hacer frente al Coronavirus con nuestra principal herramienta, la información. Por eso empezaremos resaltando que este artículo no es una crítica, que no tiene ningún tipo de implicación política, ni se posiciona a favor ni en contra de la sanidad pública o privada. Tan solo es una crónica de los hechos que han acontecido en torno a unos de los primeros positivos por Covid-19 en Collado Villalba.

Por mantener la privacidad, llamaremos a nuestros protagonistas Pepa y Pepe. Todo comenzó la última semana de febrero, cuando Pepa comenzó a sentir molestias en la garganta. Una circunstancia normal en pleno invierno, y más aún si tenemos en cuenta que Pepa y Pepe, de 65 años, están en contacto diario con su nieta de un añito que asiste a la Escuela Infantil, como tantos otros abuelos de nuestro municipio y de todo el país.

Pasada una semana, las molestias de Pepa no remitían, y empezó a aparecer una sensación de dolor corporal y fiebre. Además Pepe también empezó a tener algo de tos, así que se decidieron a ir juntos al médico. El jueves 28 de febrero Pepa y Pepe optaron por ir a la Clínica Médica Los Belgas, haciendo uso de la sanidad privada para no tener que ir por urgencias ni esperar varios días hasta que su médico de cabecera tuviera cita disponible. En este momento en España no se había establecido ninguna indicación específica para las personas que tuvieran este tipo de síntomas, si no habían tenido contacto directo con algún positivo o habían viajado a una zona de riesgo.

El primer diagnóstico fue que Pepa tenía placas en la garganta y Pepe una leve afección de pulmón, así que a los dos se les recetó antibiótico (Amoxicilina).

Al día siguiente, viernes 29/02, Pepa se encontraba peor, ya que el dolor de garganta se había trasladado al pecho y la fiebre no remitía, así que decidió ir al Centro de Salud de Villalba Estación a consultar con otro médico. Esta vez le dijeron que en la garganta no había infección y que el dolor de pecho podía deberse a la mucosidad, así que por si acaso debía mantener el tratamiento con antibiótico, además de Ibuprofeno y Paracetamol. También le dieron instrucciones de volver a urgencias si en tres días no mejoraba.

Durante el fin de semana los síntomas de Pepa se dispararon: el dolor de pecho se hacía más fuerte y a la fiebre se sumaron vómitos y diarrea. Al llegar el lunes (02/03), Pepa fue de nuevo a urgencias, tal y como le habían indicado. En el Centro de Salud la derivaron a Urgencias del Hospital General de Villalba, para poder realizar las pruebas necesarias.

El trámite en el Hospital fue bastante complejo. Al llegar, lea solicitaron un documento del Centro de Salud certificando que les habían derivado allí, que no les había facilitado. Una vez admitida, Pepa pasó a esperar durante 2h en una sala pequeña con la puerta cerrada y con otros pacientes con síntomas similares, especialmente tos, a los que se les había facilitado una mascarilla.

Pepa se alarmó al ver que no había guantes ni ninguna otra medida de protección, que la sala estaba cerrada, la espera era larga, y las condiciones eran muy propicias para el contagio. Así que acudió al personal sanitario para mostrar su preocupación, y le indicaron que ellos solo podían actuar según les marcaba un protocolo, que constantemente estaba actualizándose.

Finalmente solo se le realizó una prueba, una placa del tórax que según afirmaron no mostraba ninguna afección, por lo que el diagnóstico fue que tenía algún tipo de virus no identificado y el tratamiento prescrito fue un antibiótico de mayor intensidad. No se midió el oxígeno en sangre y no se activó ningún protocolo de seguimiento ni se dieron instrucciones de ningún tipo. Y la sensación de Pepa, después de insistir en su dolor de pecho y no encontrar respuesta, fue de desolación, porque sabía que las cosas no iban bien, que no se estaban haciendo bien, y a sus dolencias se sumó una profunda preocupación.

Al día siguiente, martes 03/03, los síntomas de Pepa se habían agravado y se encontraba muy débil. En esta ocasión fue su hija Pepita la que se dirigió al Centro de Salud con el objetivo de obtener información o ayuda, ya que estuvieron horas intentando contactar con el número 900 102 112 sin conseguir resultados. El panorama ya había cambiado, y en la puerta había una encargada de controlar el acceso para que nadie con sintomatología vinculada al Coronavirus pudiera acceder.

Desde información decidieron que era conveniente que un médico recibiera a Pepita, para poder estudiar el caso y darle indicaciones. En primer lugar, la Doctora destacó el hecho de que Pepa ya había sido atendida por dos profesionales distintos y que era conveniente que fuera su doctora de cabecera la que atendiera el caso, solo disponible en horario de tarde.

Pepita insistió en que el caso era urgente y no podía esperar más tiempo, dado que Pepa se encontraba muy débil, y sus síntomas eran llamativos y muy similares a los vinculados al Coronavirus, a pesar de no entrar en el protocolo por no haber viajado a zonas de riesgo ni mostrar infección respiratoria en la prueba realizada en el Hospital el día anterior.

La Doctora recopiló todos los datos de su historial, hizo varias preguntas sobre el estado de Pepa y contactó con el número de teléfono habilitado, desde donde la derivaron al 061 y posteriormente al departamento de Salud Pública. Desde allí la indicación fue que Pepa debía ir al Hospital, preferentemente por sus propios medios.

En este punto la situación era desconcertante,  ya que hacía tan solo un día que Pepa había acudido al Hospital, donde no había recibido ninguna indicación de volver. Tenía miedo al rechazo, y también preocupación por poder contagiar al personal sanitario y a otros pacientes, o ser contagiada.

Los familiares decidieron ponerse en contacto telefónico con Adeslas, donde una doctora atendió telefónicamente a Pepa y le indicó que dada la gravedad de su estado debía acudir cuanto antes al Hospital, en este caso el Hospital HM de Torrelodones.

Al llegar allí el ambiente era tranquilo y Pepa fue atendida de inmediato por los profesionales sanitarios. La primera medida urgente fue ponerle oxígeno, además de realizarle análisis de sangre y placa de tórax. Pepa fue ingresada con un tratamiento de oxígeno, suero y analgésicos, y sin ninguna medida restrictiva, por lo que pudo pasar la noche acompañada de Pepe.

En este caso la placa sí mostraba que había infección respiratoria, por lo que el miércoles 04/03 por la mañana se activó el protocolo de actuación contra el Coronavirus, se le realizó la prueba y fue trasladada a otro área del hospital para estar aislada. Por suerte a Pepe se le permitió quedarse con ella, en principio en calidad de acompañante.

Por la noche llegó el resultado de la prueba, era positivo. Dado que Pepe también presentaba síntomas, pasó a ser paciente ingresado y se le realizaron las pruebas, también positivo. Lo cierto es que Pepe se encontraba bien, con un poco de tos, y una afección respiratoria, pero a pesar de ser paciente de riesgo no presentaba más complicaciones. En cambio Pepa se encontraba muy mal, sin poder comer ni respirar, a pesar del tratamiento con oxígeno, suero y analgésicos.

Así que para Pepe el tratamiento se basaba un poco de oxígeno, descanso y comida, nada de medicación. En cambio a Pepa le sumaron nuevos fármacos a la lista: anitibiótico (Levofloxacina), antirretroviral (Kaletra), antimalárica (Dolquine), antiemético (Ondansetrón), ansiolítico  (Lorazepam), además de suero y paracetamol.

Las horas pasaban muy lentas para ellos, pero muy rápidas para todo el personal que se iba organizando para atender a las nuevas indicaciones sobre protocolos, y sobre todo, a los nuevos pacientes que iban ingresando, la mayoría personas de edad avanzada que se quedaban aisladas sin compañía.

Entonces comenzó un nuevo episodio para Pepa y Pepe. Juntos descubrieron quién es ese tal Coronavirus que tanto revuelo ha causado, cómo se las gasta, y cuáles son sus primeros desafíos. Aunque los síntomas seguían persistiendo, Pepa y Pepe se sentían afortunados porque la vida les había permitido plantar batalla juntos, y porque no solo estaban ellos, sino el inmenso equipo humano que se había desplegado a su alrededor, personas volcando todo su esfuerzo, su conocimiento, su tiempo y su energía, desde muchos lugares.

Y, a pesar de lo vivido, de la enfermedad, el aislamiento y la preocupación, el síntoma que cada vez se hacía más y más fuerte era el agradecimiento. El agradecimiento a los profesionales que con su trabajo, su conocimiento, y su entrega, poniendo en riesgo su propia salud, lo dan todo de sí mismos para hacer frente al Coronavirus. A todos los que tienen que trabajar por los demás, a las personas que muestran su apoyo, las que ofrecen su ayuda desinteresada y las que cumplen con las indicaciones para hacer frente a esta histórica situación que hace que todos y cada uno de nosotros miremos de frente a nuestros valores, nuestros miedos, nuestras prioridades y nuestra forma de vida.

Hoy, 23/03, después de 13 días ingresados, han recibido el alta, y pueden irse a casa. Están muy felices por poder sumar una victoria, una cifra positiva y un impulso de esperanza para todos los que están luchando por superar la enfermedad. 

También saben que, que gracias a muchos profesionales de todos los ámbitos que se están esforzando al máximo, hoy todos los centros sanitarios del municipio y del país, y los números de teléfono oficiales habilitados están respondiendo a las necesidades,  atendiendo a las urgencias, resolviendo dudas y facilitando que todos estemos lo mejor posible en esta compleja situación. Y cada tarde se suman al aplauso para todos ellos.

Porque quizá uno de los primeros retos que nos trae el Coronavirus es dejar a un lado las quejas, los reproches y los enfrentamientos, y apreciar cómo los peores momentos son una oportunidad para potenciar lo mejor de las personas.

Así que hoy nos despedimos con un mensaje de esperanza, unión y solidaridad… ¡Todos unidos frente al Coronavirus!

 

 

Aplauso coronavirus

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