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Time Out

Llegan las vacaciones, y con ellas el tiempo libre. Y llega entonces el momento de decidir en qué o cómo queremos invertir ese tiempo libre… Hoy os traigo una opción diferente. ¿Y si en vez de buscar diferentes formas de ocio y diversión, por una vez lo invertimos en nosotros? ¿Y si en vez de buscar el sitio más cool optamos por darnos un respiro a nosotros mismos? Un tiempo para nosotros, un tiempo para desconectar, para encontrarnos a nosotros mismos, para buscar respuestas o para encontrar preguntas. Felices vacaciones.

Tiempo fuera.

Fuera de ti, fuera de mí, fuera de nosotros.

Tiempo fuera.

Fuera de aquí, fuera de allí, fuera de todo y dentro de nada.

Tiempo para ser nosotros mismos o para no serlo. O para convertirnos en lo que nos de la gana ser. O, ¿por qué no? para no convertirnos en nada.

Que ya pasamos mucho tiempo al año condicionados por todo. Por tener mucho trabajo o por no tenerlo. Por tener poco dinero, mucha hambre, pocas ganas, mucho sueño, pocos amigos, muchos miedos o pocos amores. Por tener que hacer siempre lo correcto, por no equivocarnos, por seguir el camino… Eso sí, en línea recta por favor que las curvas no quedan bonitas en el mapa de la vida.

Condicionados por las condiciones. Las tuyas, las mías, las de tu madre y las del vecino de arriba, que últimamente es el que él quien decide si hoy toca siesta o concierto de piano.

Que tampoco pasa nada si no nos queremos levantar. O si no nos queremos acostar. O mejor aún, si preferimos acostarnos juntos y no levantarnos nunca.

Que tampoco es un delito ser un poco menos responsable y de vez en cuando reírse solo porque sí, sin necesidad de tener motivo alguno. O llegar tarde a ninguna parte, o demasiado pronto a la cita con tus sueños.

Que ya tomamos muchas decisiones al cabo del año y que por una vez, no pasa nada si no nos da la gana tomar ninguna.

Que la probabilidad de equivocarnos es directamente proporcional al tamaño de los miedos y a la profundidad de las heridas. Y yo, esta vez me dejado en casa las tiritas y las agallas han ido de vacaciones.

Tiempo fuera. Para olvidarnos de los otros 355 días que pasamos dentro, o 325 si eres de los más afortunados que disponen de un mes para salir a pasear sus sueños.

Tiempo para mí, para ti, para todos. Para volver a ubicar la cabeza sobre los hombros y no llevarla colgando como hacemos muchos últimamente. O escondida bajo la chaqueta que es todavía peor.

Tiempo para no hacer nada, o para hacerlo todo, que sólo tú sabes para que necesitas ese tiempo.

Hoy, te animo a que cojas tu maleta, la llenes de todo aquello que te hace sentir bien y te marches a buscar ese tiempo.

Búscalo tú solo o con tu mejor amigo. Con tu padre, tu hijo o tu pareja. Búscalo aquí cerca o muy lejos. En una playa, en un bosque o en el jardín de tu casa. Por la mañana temprano, por la noche o a la hora del café.

Porque el sitio, el momento o la compañía, son elementos de segunda categoría. Porque basta con que estés tú, cierres los ojos y te dejes llevar…

Tiempo fuera. Tiempo para ti, tiempo contigo…

Luego, a la vuelta, si quieres ya resuelves tus incertidumbres y tomas tus decisiones, pero permítete antes ese tiempo para, simplemente, no pensar en nada.

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