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Villalbantaño: El Jaime Ferrán

¡Lo prometido es deuda! Vuelve Villalbantaño con la II Parte del primer instituto vilalbino, el Jaime Ferrán. De la mano, como siempre, de nuestro vecino Don Enrique G. de Herreros. Un artículo seguro que  lleno de nostalgia para muchos de vosototros que nos teletransporta a hace unos 40 años… ¡Disfrutadlo!

Buenos días vecinos, hoy voy a acabar de hablarles del instituto Jaime Ferrán.

Se acordarán de que nos quedamos en la obra de ampliación… Una de las infraestructuras que nos trajeron esas obras fue el gimnasio. El gimnasio fue la última cesión a la educación separada por sexos que se dio en nuestro instituto, y fue un desastre…

No sé si lo conocen por dentro, pero el gimnasio está dividido en dos espacios separados, teniendo los vestuarios en el centro, con lo que ninguno de los espacios cumplía las medidas necesarias para practicar ningún deporte dentro. Eso sí, son unos hermosos gimnasios, pero para hacer gimnasia y poco más…

Con el gimnasio llegaron también los primeros profesores titulados de Educación Física. Hasta entonces, a los chicos esa asignatura nos la daba Rivas, del que hablé en la primera parte , y Ángel Palafón, un profesor de filosofía que en su vida dio filosofía. Rivas nos daba gimnasia sueca y Ángel nos llevaba a jugar al futbol a las eras.

Y, sin embargo, al año siguiente de llegar el gimnasio, sobre el año 74, llega a Villalba Ricardo Pérez y Verdes, que era un profesor ya titulado de INEF y entrenador nacional de voleibol, él fue el culpable, de alguna manera, de que el voleibol se extendiera tanto en Villalba a partir de esa época.

Villalbantaño: Jaime ferránRicardo fue el que entrenó al fallecido Quique Blas, a su hermano José Luis Blas y a todos los que jugaron con él, además de Martin Soria, también fallecido que se dedicó más al campo del arbitraje de vóley.

Por esas fechas llegó también Carmen Hermida, que se tituló posteriormente en Educación Física. En aquel momento el instituto adquirió todas las canchas descubiertas que le rodeaban por detrás, que hasta el momento era todo dehesa, y toda la pista que le rodea por la parte del cuartel de la Guardia Civil (que en ese momento solo contenía el cuartelillo y la mitad de edificios que en la actualidad).

De la gente del instituto de la que no se suele hablar tanto es del personal de Administración y Servicios, que en ese momento eran solo dos personas; el señor Emilio, que era el conserje para todo, el guarda que vivía en el instituto, un guardia civil retirado (como solían ser muchos en aquellos casos) que mantenía las tradicionales y estrictas fórmulas del Cuerpo que eran paso corto, vista larga y mala leche. Aunque luego tenía un corazón de oro, yodo hay que decirlo, pero haciéndose respetar mucho por los alumnos.

La otra persona que formaba ese departamento era el eterno secretario del secretario; José María. Un chico de Torrelodones no mucho más mayor que nosotros, que se dedicaba a llevar todas las cuentas, todos los listados y a pegarse con los horarios a distancia de todos los profesores.

El instituto tenía, en general, gente joven, porque éramos un destino no muy agradable para la mayoría, solo dos de nuestros profesores eran de Villalba; Santos y Rivas, los demás tenían que ir y venir todos los días.

Esto a nadie le hacía gracia, con lo cual, los profesores que tenían la plaza conseguida solían ser gente joven. Cuando el uso del coche se puso más de moda, empezó a venir gente más mayor. Recuerdo que entonces los profesores se ponían de acuerdo en el hipódromo para compartir coche.

De aquellos profesores, llegaron muchos no numerarios, como Ángel Palafón o Emilio, que era licenciado en filosofía pero daba matemáticas, o un profesor que recuerdo que a muchos os habrá impartido clase en su momento, era el profesor Lería, daba geología y era un hombre que venía de dar clases en Guinea Ecuatorial hacía 5 años (Guinea fue española hasta el año 68), nos daba también Ciencias Naturales y cuando queríamos perder la clase solo teníamos que sacar el tema y él empezaba a soñar en voz alta…

Luego había personas que, de alguna manera, te marcaban. Hay una persona que a mí me marcó y duró muy poco en el Jaime Ferrán, dos o tres años nada más. Era un hombre muy mayor; Antonio Valenciano, catedrático de Física. Un hombre que había ganado la cátedra a principios de los años 30, que se había negado a firmar los principios fundamentales del movimiento, por lo que no había podido tomar posesión y no la tomó hasta principios de los 70, cuando dicha exigencia se quitó. Llegó casi a jubilarse en el instituto, era muy buena gente, prestigioso en su carrera y tremendamente honesto, por eso llamaba la atención de algunos alumnos.

Alumnos de los que salieron muchos profesores de hoy en día… Yo recuerdo un compañero mío de bachillerato que todavía sigue dando clase en el instituto (si no se ha jubilado en estos momentos), que era de mi quinta y consiguió plaza como profesor de gimnasia; Agustín Morales.

EL Jaime Ferrán estaba en aquel momento abandonado, muy fuera de Villalba. Solamente había una pequeña barriada que le rodeaba por la calle Piedrahita, una calle creada por Made para sus operarios (como tantas otras que se crearon en Villalba) y una aglomeración de una docena larga de casitas adosadas, casi todas de veraneo.

La Guardia Civil había empezado a instalarse en el cuartelillo, que entonces era muy pequeño. El famoso bar Zafra, que todavía hoy se ve enorme, en aquel momento consistía en que la madre o el padre de los actuales dueños, venían a la puerta del instituto con una cesta de mimbre llena de tortas de anís y nos las vendían a la hora del recreo.

No existía nada por encima del instituto, solo una pradera donde nos íbamos a tirar en los recreos.

Éramos unos alumnos que se empezaban a organizar por parte de la dirección del instituto. Esta decidió en el año 75 que quería tener unos representantes de los alumnos con la que de alguna forma hablar, ya que la democracia estaba llegando.

Villalbantaño: Jaime ferránHasta entonces, todas las aulas contaban con un delegado, un subdelegado, un vocal de biblioteca y un vocal de deportes. El instituto reunió en el Salón de Actos a aquellas cuatro personas de cada aula y entre todos elegimos a tres personas para dirigir el Jaime Ferrán. Tomás (que era el presidente), Nuria y yo. Las tres personas eramos de COU, algo que a mí me parecía lógico por la edad.

Se entregó a todos los alumnos un ala entera, cinco aulas del piso superior que estaban situadas en la parte más cercana al pabellón Quique Blas, donde pudimos instalar y se nos dotó económicamente con una biblioteca, una sala de discos, una sala de pin-pon y juegos de mesa… Todo eso lo controlábamos nosotros que teníamos las llaves y entrábamos y salíamos cuando queríamos. La única persona de la que dependíamos era del famoso señor Emilio que nos decía cuando había que cerrar.

 

Y con esto creo que ya no les voy a contar muchas más cosas del instituto Jaime Ferrán, que ha sido un reflejo de estos dos capítulos…

Pero no me quiero despedir sin dejarles esta pregunta: ¿A quién pertenecía el palacete que sigue, aunque en ruinas, estando en la cumbre de la colina del Gallinero Eso fue uno de los pocos títulos que hemos tenido en nuestro puelo…

Con ello les dejo vecinos. Gracias.

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