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VillalbAntaño: El Capricho

Llega un nuevo capítulo de VillalbAntaño, como siempre, de la mano de nuestro vecino y villalbino de pura cepa Don Enrique G. de Herreros y sus “Historias de aquí”. Una vez más, Don Enrique nos invita a conocer más de cerca el origen de nuestro pueblo. En esta ocasión nos cuenta la historia de Salón El Capricho, desde 1933.

El salón El Capricho ha sido testigo de la historia de Collado Villalba. En él se han celebrado a lo largo de décadas innumerables actividades, festejos y tradiciones populares. Un lugar de encuentro de vecinos y visitantes, querido y utilizado por todos los villalbinos, desde sus orígenes hasta nuestros días. Y partícipe de ello es Don Enrique:

elcapricho-red

Tal y como anuncié el pasado mes de julio, cuando hablé sobre los canteros de nuestro pueblo, hoy lo haré sobre “El Capricho”, ese hermoso y octogenario edificio de los villalbinos, situado entre la Plaza del Titi y la de los Cuatro Caños. Solo mencionar su nombre me traslada a hace poco más de 45 años atrás, a aquel miércoles 3 de febrero de 1.971, festividad de San Blas, cuando siendo un chaval que aún no había cumplido los doce años, asistí por vez primera con mi familia a su celebración, en nuestro vetusto salón.

Y allí, bajo las cadenetas que engalanaban la gran sala, estaban todos. Las mujeres sentadas contra una de sus paredes y los hombres en la de enfrente. En medio las parejas bailando, y en el escenario dos músicos: una gaita y un tamboril, alegrándonos la vida al son del tradicional “Rondón” y otros bailes. Y los chavales corriendo y enredando por doquier, y rogando a sus padres que les compraran un refresco en la barra, que se encontraba donde hoy se sitúa.

Pero comencemos por el principio. El actual salón, no es nuestro primitivo baile del pueblo, sino aquel que se edificó en 1.933, cuando el anterior se quedó pequeño debido a su éxito, fama que atraía mozos y mozas de los pueblos cercanos, por cierto, de “la costumbre” que nuestros mozos hacían pagar a los forasteros que cortejaban a la villalbinas y su relación con el pilón, les hablaré en otra ocasión. El baile se celebraba hasta entonces en otro local, mucho más pequeño, que se encontraba en la actual calle “Hermanos Martínez Morales” (en la trasera del Titi), como nos cuenta nuestro veterano vecino, Lucio, en una de esas valiosísimas grabaciones que mi amigo Isabelino Cano ha ido cosechando, para preservar la memoria viva de nuestro pueblo, y de las cuales pueden disfrutar en la web de la Cofradía de San Blas. Eficaz trabajo que podríamos describir como desinteresado, si mi amigo no fuera uno de los vecinos más interesados por la historia de Collado Villalba, que conozco y agradezco.

Dicho desaparecido local, que la sociedad “La Aurora” cedía para tallar a los Quintos desde 1.916, contaba con un ambigú en la entrada (una barra con venta de bebidas para entendernos) y desde ella se pasaba a la sala de baile. En ella, como después en el salón heredero, el mayor protagonismo lo tenían, por este orden, el bastonero, quien presidía el baile de los domingos, y el organillo con su encargado, única fuente musical, salvo en ocasiones especiales cuando se contrataba a auténticos grupos musicales.

Como nos cuenta nuestro tristemente desaparecido historiador local, D. Luis Antonio Vacas, el primero de los citados, el bastonero, era un vecino de cierta edad que, con su recio y voluminoso bastón (de unos 5 centímetros de diámetro por cerca de 2 metros de largo) dirigía la sesión. Así el baile comenzaba cuando el bastonero levantaba el mismo hasta casi llegar al techo. Si, sonando la música, lo levantaba, aquello suponía que era necesario cambiar de pareja. Si lo elevaba dos veces seguidas, que la pieza debía detenerse y cambiarse. Y cuando lo hacía tres veces quería decir que el baile concluía y debía sonar la jota de despedida. Otras funciones de la presidencia consistían en velar por el orden, con ayuda de su bastón, y procurar que los mozos no estrechasen en demasía a las mozas. Y el Sr. Vacas nos presenta a nuestro último bastonero de organillo: Fue el “tío Cuso”, abuelo del “Fucaque”, y con su persona desapareció de nuestro pueblo una peculiar tradición.

 

Volvamos ahora a la historia del edificio actual. Como les decía el antiguo se quedó pequeño y la “Sociedad Recreativa e Instructiva La Aurora”, integrada fundamentalmente por los canteros locales y sus familias, solicitó de nuestro ayuntamiento la venta de unos terrenos céntricos donde construir uno nuevo y mayor. Hacía ya más de dos años de la creación de la Sociedad Recreativa de la Estación (El Paraíso) cuando, el 13 de enero de 1.933, siendo alcalde D. Agustín del Oso Gil, el pleno de nuestro ayuntamiento acuerda acceder a lo solicitado por la “Sociedad Recreativa e Instructiva La Aurora” (nombre que tiene coincidencias con una de las novelas de Baroja, y que delata las simpatías políticas de sus fundadores).

Y les venden pues, una parcela del “corral denominado de las casas de los señores maestros” (y situado junto a la plaza de los Cuatro Caños) de trescientos ochenta y cuatro metros cuadrados, treinta y dos metros de largo por doce de ancho, y se vende para la edificación de un centro social, por la cantidad de 25 céntimos el metro cuadrado. Y por el mismo dicha sociedad pagó a las arcas municipales la suma de 96 pesetas de la época (unos 60 céntimos de euro), más las costas de las escrituras.

Y en dichos terrenos Salón El Capricho Villalbanuestros vecinos levantaron el hermoso edificio que hoy podemos observar y disfrutar. Edificio compuesto de una sola nave cerrada por gruesos muros de mampostería, con una bella fachada principal con cadenas de sillería dentada, bandas horizontales como cornisas decorativas, una ventana central en ojo de buey, una cornisa ondulada y dos trabajadas taquillas obras de nuestros maestros canteros. Fue construido con bastante rapidez, especialmente si tenemos en cuenta que se edificó en los tiempos libres de los socios de la asociación propietaria, gracias a donaciones en especie y de sus capacidades laborales. Donativos de los que nos habla nuestro vecino Tomás Pinto, en otra de las valiosas grabaciones de las que les he hablado.

También nos cuenta Lucio (en el testimonio citado), como al mismo tiempo otro grupo de vecinos, de ideas rivales, comenzó a edificar otro salón en el lugar donde se alza el edifico que albergó el Colegio San Antonio, y donde hoy podemos disfrutar de la biblioteca “Sancho Panza”, pero que esta iniciativa no pasó de los cimientos antes de la guerra, e incluso estos fueron desechados posteriormente.

El horror de la guerra interrumpió la lúdica actividad en el salón “La Aurora”, pues ese fue el nombre inicial de lo que hoy todos llamamos El Capricho. E incluso sufrió heridas en alguno de los bombardeos que sufrió el casco histórico, cuyas cicatrices todavía son visibles sobre su puerta. Tras la misma, el local fue ocupado por la falange durante varios años, ya que la Sociedad propietaria fue disuelta por razones políticas. Y, si bien se recuperó algo antes, no fue hasta una década después, que el ayuntamiento registra el mismo, en nombre de los vecinos, como un local de propiedad municipal. Dicha decisión se toma por nuestro pleno el 31 de octubre de 1950, siendo alcalde el D. Juan Antonio Martín Galache, del que ya les he hablado, y cuando tan solo éramos 3.355 villalbinos.

Pese a dicha inscripción y desde entonces, nuestra corporación cedió la gestión, uso y propiedad de facto, a la “Sociedad Recreativa y Cultural El Capricho” integrada por un grupo de vecinos del pueblo, que en tanto que tales, fueron considerados “herederos” de los derechos de la sociedad que lo compró y edificó. Y estos vecinos, el citado Pinto entre otros, solaron definitivamente el salón años después, (siendo ya alcalde D. Mariano Martín Torrejón), y allí se organizaron (y se organizan) actividades como cine, teatro, bailes en honor de San Blas, San Antonio, los lunes de Pascua de la peña Redondera, la Iluminaria de San Sebastián, así como la presencia de SSMM en las vísperas de reyes, entre otras muchas fiestas. E incluso se han llegado a rodar películas de variopinta calidad.

Tras dos décadas de gran actividad, a partir de los setenta la sociedad comienza a languidecer, debido entre otras cosas a la competencia de las discotecas y otros centros de ocio. El último adjudicatario del mismo fue nuestro vecino D. Guillermo Atienza Berrocal, quien lo administró brevemente desde 1.989. Ya que, la Junta Directiva de la “Sociedad Recreativa y Cultural El Capricho” acordó, el 2 de junio de 1.990, entregar la gestión y administración del salón al ayuntamiento, siendo alcalde D. Carlos Julio López Jiménez, con la única condición de que se permitiese la celebración de los días de Reyes, San Blas y el lunes de la Peña Redondera. Y aunque esta cesión era inicialmente temporal, por cuatro años, se convertirá en definitiva cuando, meses después, la citada sociedad acuerde su disolución.

Para mayor detalle sobre la vida de la “Sociedad Recreativa y Cultural El Capricho” y los nombres de todos los vecinos que pasaron por su Junta Directiva, les aconsejo la lectura de sus actas, de las cuales me consta que nuestro vecino, mi desaparecido amigo, D. Vicente Vila, tenía una copia. No obstante, estoy seguro que mi amigo Isabelino, a quien ya he citado, les guiará eficazmente.

Las sucesivas corporaciones desde entonces no solo han cumplido lo pactado, sino que han procurado darle la mayor vida posible, no solo con las actividades y fiestas indicadas, sino también con la celebración de conciertos, mítines políticos, actividades benéficas, el Entierro de la Sardina y los carnavales, así como otros actos de todo tipo, promovidos mediante cesiones municipales a distintas iniciativas vecinales. También este espacio es usado por distintas áreas municipales para sus actividades específicas.

Salón El Capricho Villalba

Y actualmente podemos disfrutar del mismo tal y como ha quedado tras la primavera de 2.012, cuando nuestro ayuntamiento llevó a cabo su última gran remodelación, gracias a la labor de los alumnos-trabajadores del Taller de Empleo y los operarios de la Brigada Municipal. La misma descubrió totalmente toda la belleza inicial de nuestra apreciada propiedad vecinal. Y la rejuveneció unas cuantas décadas. Posteriormente diversas intervenciones lo han embellecido aún más.

Entre las paredes de El Capricho han bailado y se han divertido más de cuatro generaciones de villalbinos, de las fiestas de este salón han salido muchos matrimonios de nuestro pueblo y de muchos otros cercanos. A su vera han tomado el sol o se han protegido de la lluvia miles de vecinos. Ha visto pasar por su historia media docena de Jefes de Estado, y docena y media de alcaldes villalbinos.

Cuando se edificó éramos unos tres mil vecinos, ahora somos sesenta y tres mil. Junto a él ha ido creciendo el pueblo y su multitud de edificios, vio llegar el agua corriente, y asfaltaron las calles donde abre sus puertas.

Y allí sigue, viendo pasar el tiempo y a los villalbinos, orgulloso de su construcción, de sus piedras y maderos, testigos del buen hacer de los artesanos vecinos de Collado Villalba. ¡Visítenlo! Diviértanse… Y recuerden que tan solo quedan 16 años y tres meses para su centenario.

 

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