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Villalbarrios: El Gorronal

Este fin de semana han tenido lugar las primeras fiestas villalbinas, las de San José Obrero en El Gorronal. Aprovechamos esta ocasión para acercarnos un poco más a este mítico barrio de nuestro municipio, y que mejor que hacerlo de la mano de nuestro vecino Don Enrique G. de Herreros, encargado de contarnos su historia, sus costumbres, el origen de su nombre, sus primeros edificios…

Como saben, este fin de semana se celebraban las fiestas de uno de los barrios más jóvenes y genuinos de nuestro pueblo. Les hablo de las fiestas del primero de mayo, las del barrio del Gorronal. Y del mismo irá mi colaboración de hoy, de tu barrio Luis.

Empecemos por el nombre, nombre que nos emparenta con un conocido grupo de rock aproximadamente igual de antiguo: The Rolling Stones. Si este grupo fuera hispanoparlante se llamarían “los cantos rodados”, y a ellos hace referencia el nombre de nuestro barrio, puesto que gorrón es, según el diccionario de la Real Academia, 1ª acepción: Guijarro pelado y redondo. Y este es el significado del nombre de nuestro barrio: campo de cantos rodados, guijarros que en algún momento depositarían, tras modelarlos, las aguas río Guadarrama.

En segundo lugar voy a delimitar lo que la mayoría de los villalbinos de hoy en día consideran los límites del barrio, sin pretender sentar cátedra dado que la pertenencia de toda la colonia de los Linares o de los terrenos del antiquísimo campo de fútbol, entre otros casos, está sujeta de interpretaciones. Pero vamos, para entendernos, hablo de todo lo comprendido entre la vía de Segovia por el sur y el oeste, el río Guadarrama por el norte, y la calle del Pardo Santallana (un efímero gobernador civil de aquellos años que el poeta Otero Pedrayo llamó: grises tiempos de piedra) desde su comienzo hasta su curva al llegar al río.

Escarbando en la hemeroteca, la primera cita histórica que encontramos de estos terrenos aparece en el “Diario de Madrid” del 22 de julio de 1.801. En el mismo, el abogado de los Reales concejos, D. Manuel Ángel Carrancio, enumera todas las parcelas afectadas por la “desamortización de Godoy” (firmada por Carlos IV), sujetas a su expropiación y venta en favor del Estado. En dicha relación aparecen “tres partes de cinco en Los Linares” valorados en 2.568 reales. Finca que fue de los primeros terrenos habitados de nuestro barrio. También conocida a principios del siglo XX como “La Huerta de Luis”, pertenecía a la familia que edificó, va a hacer siglo y medio, la Fonda Casa Cuesta. Y a cuyos descendientes, mis amigos Lalos, Pedro y Alejandro, podemos saludar cualquier día, ya sea en sus negocios, o en La Arboleda. El barrio recuerda todavía a la familia con una calle, la calle Nicolasa Fernández, cuyo segundo apellido fue Navacerrada y era la abuela paterna de mis amigos.

Pero no fue hasta finales de los sesenta que se empieza a habitar y edificar el barrio, con el estallido de la construcción que la apertura de la autopista de la Coruña y la largamente esperada llegada del tendido de agua a toda la población de nuestro pueblo (que inauguró el entonces alcalde Juan Antonio Martín Galache –padre de mi amigo y marrullero base de baloncesto, Pedro Antonio). Piensen que pasamos de poco más de cinco mil vecinos en 1960 a casi veinte mil en 1980.

Aquellos nuevos villalbinos que vinieron a trabajar en el desarrollo de Collado Villalba y la sierra se instalaron en el barrio. Barrio que se edificó fundamentalmente en altura y desastrosamente en cuanto su urbanización, siendo los primeros edificios los del comienzo de los pares de calle San José y el del final de la cuesta de Pardo de Santallana. Sus habitantes, los vecinos del Gorronal, provenían muchos de ellos de Extremadura, ya fuera de La Parra –mayoritariamente- ya de Ibahernando, tierra de mi amigo y antiguo concejal Benjamín, o de Cabeza de Buey, de donde es el actual presidente de la Casa de Extremadura en Collado Villalba. Pero el momento de mayor desarrollo del barrio sería a finales de los setenta.

Y precisamente por entonces aparece en nuestro pueblo un sacerdote que tendría gran importancia en la cohesión de nuestro barrio. Les hablo de D. Eugenio, joven vicario de la parroquia Stma. Trinidad de la que era titular D. Mariano por aquellos días. “Jimy” para todos los villalbinos fue un presbítero que marcaba a todos los que le conocían. Tuve la suerte de colaborar con él por aquellos años, mis inicios en la universidad, y fui testigo de sus esfuerzos y los frutos que estos cosecharon en el fortalecimiento de la sociedad que habitaba el Gorronal.

Desde la creación de la sociedad y peña de S. José Obrero, hasta la organización de las primeras fiestas del 1º de Mayo se debieron en gran parte a su labor y la cercanía con la que sabía ganarse a los vecinos. Recuerdo la inauguración del local (que actualmente funciona) de dicha sociedad, con la misa que celebró en aquel altar al Cristo de las Misericordias, patrón de La Parra, que fue dibujado por D. Julián Redondo, y todavía hoy se puede admirar aunque muy oscurecido en la esquina opuesta a la puerta de dicho local. Misa que Jimy estuvo celebrando todos los domingos, y todavía hoy se celebra el día de San José Obrero. Y después se nos fue de párroco a un pueblecito del sur de Madrid.

¡Aquellos años! ¿Se acuerdan? Cuando los últimos chavales se bañaban en el “charco de las yeguas”, y posteriormente en la Piscina “Florida” (el edificio donde hoy está CC.OO.). Tiempos de tardes jugando a la rana en el merendero el “Tropezón”, al final de la calle Pardo de Santallana. Fines de semana de cañas en la “Ponderosa”, el “Mariano”, el “Quintín” o la “Mina”. Aquellos años en que la cooperativa textil femenina que administraba mi madre, María Teresa Madueño, tenía su sede en la calle Gaudí, en el edificio donde hoy celebra su liturgia una confesión cristiana. Época de la imprenta de los hermanos Vara, en la calle “Pintor Sorolla”, donde se editó el primer semanario villalbino gratuito. Domingos de comprar los churros dónde Mari Carmen, a quién también le debe mucho el barrio por su animación y por sus exitosos esfuerzos al frente de la peña femenina. Aquellas nochebuenas en que, tras la misa del gallo, se podían sentir por el barrio las guitarras y villancicos de un grupo de vecinos. Sábados de karate en el gimnasio Ishimi y copas por la noche en el bohemio pub “Cerezas”, que asemejaba un rincón de Amsterdam en la calle Maestro Serrano.

Con el tiempo, debido a la prosperidad o a la edad, muchos de aquellos primeros habitantes cambiaron a barrio o volvieron jubilados a su tierra (el actual alcalde de La Parra es uno de nuestros antiguos vecinos). Entonces empezaron a ocupar legalmente dichas viviendas los miembros de la segunda inmigración, y llegaron fundamentalmente marroquíes rifeños, naturales de aquella zona que fue protectorado español hasta hace sesenta años. Y la convivencia se tornó más compleja y necesitada de intervención profesional especializada, pero tenemos en nuestro país múltiples experiencias para favorecer convivencias de este tipo que han funcionado, y espero que en algún momento esta cuestión se acometa en serio por nuestras autoridades municipales. Y así, tras el desastre de la crisis que en el barrio fue muy dura, poco a poco el Gorronal vuelva a florecer, como ya se observan señales.

Pese al despropósito urbanístico general que nuestro joven barrio sigue siendo, también su cohesión social de se mantiene invulnerable y alegre. ¿Quieren ser testigos de ello? Pues en poco más de diez días tienen una espléndida ocasión. Vengan a las fiestas del primero de mayo, a su plaza homónima. Alternen en “Los Extremeños”, el “Quitapenas”, el “Castillo”, el “Alhambra” la “Perla” o el “Rolfi”. Acérquense a tomar un botellín a la sede Social de San José Obrero y saluden a Pedro Rodríguez, su presidente. Y sientan durante el día como el barrio del Gorronal sigue siendo una enérgica sociedad genuinamente viva y trabajadora. Probablemente el barrio más cosmopolita de Collado Villalba.

El Gorronal, una docena de calles, una décima parte de nuestros habitantes, un barrio donde tienen su sede, además del citado sindicato, la agrupación socialista villalbina y el local social “Villalba Abierta”. Un barrio que sin duda verá alcanzada una de sus exigencias cuando en breve se inaugure la línea de microbuses públicos urbanos que le conecten con el hospital y el resto de la población. Un barrio que ha sido maltratado casi siempre, y siempre ha aguantado con tenacidad y brío.

Y aquí, esperanzado mientras escucho los gritos de la chiquillería que sale del edificio infantil Mío Cid del Colegio Rosa Chacel, adivino que ellos serán la señal del comienzo de la nueva floración del Gorronal.

Espero admirarla…

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