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Villalbinos por el Mundo: Justo Manrique

Ser villalbino, es algo que se lleva en el corazón,  y no en el carné de identidad… Porque a veces no importa dónde nacemos, ni si quiera dónde vivimos, lo que realmente nos marca es de dónde nos sentimos. Y así lo demuestra nuestro protagonista de hoy, un villalbino de adopción que pasó su adolescencia disfrutando de la cultura del pueblo, de sus rincones, de sus gentes… Y que 15 años después, tras haber construido una nueva vida en Houston, nos recuerda que, aunque a veces se nos olvide, como en Villalba, en ningún sitio…

¡¿Hola Villalba, qué tal?! Lo primero que quiero hacer es mandar un saludo a todos mis amigos y conocidos que tengo en Villalba. Os echo de menos. Para los demás, me llamo Justo Manrique y para mí es un honor ser considerado un villalbino aunque sea más algo así como un hijo adoptivo de Villalba.

Villalbinos por el Mundo: Justo ManriqueViví en el Parque de la Coruña y en Las Suertes entre 1994 y 2001. Llegué con 14 años y me fui con 21. Era esa época en la que todo el mundo se conocía y todo el mundo iba al Edi, a la Bruja o al Joker y a las sesiones de tarde de los sábados en el Van Vás.

Mis amigos y yo parábamos en la laguna de Pryconsa, en el Coto de las suertes, en el parque de Finisterre, o por El Divino o el Pub Oxford. Conocí en esa época a la primera clase del instituto de los Maristas y del Lázaro Cárdenas, a los pioneros del movimiento Hip Hop en la sierra, a los que fortalecieron la tradición de DJ’s de música techno de la sierra, a los mejores jugadores de fútbol de cada área de Villalba y a gente que, como yo, quería vivir como si no hubiera un mañana.

En el 2001 regresé con mi familia a los Estados Unidos. Se me hace el corazón un puño cuando me acuerdo de la noche que me despedí de mis amigos. Desde ese día llevo la tristeza de haber dejado atrás a los mejores amigos que he tenido y los mejores momentos de mi vida. Tuve que readaptarme a la vida americana, al idioma, a las costumbres y al estilo de vida.

justo-manrique-4Aquí sales de tu casa y te metes en el coche y a partir de ahí todo está diseñado para que gastes dinero. Aquí todo el mundo se encierra en su casa, en su propio mundo y es difícil conocer de verdad a la gente. Aquí lo bueno es el salario, lo que ganas en dinero, pero el precio que pagas es que sientes que no trabajas para vivir, sino que vives para trabajar. Me di cuenta de esto enseguida y decidí volcarme en empezar mi carrera en literatura española en la Universidad de Houston y tras cuatro años de esfuerzo conseguí mi título universitario.

Comenzar de nuevo fue durísimo y en estos 15 años he hecho muy pocos amigos, aunque eso sí, muy buenos amigos. Lo que fue constante fue mi amor al fútbol. Al llegar a Houston, jugué y jugué y jugué (aunque nunca como en los partiditos en Finisterre) y así fui haciendo amigos y fui conociendo la ciudad. Jugué en el equipo de la University of Houston y competí contra otras universidades de la ciudad a nivel competitivo, pero lejos del nivel NCAA. Al final de mi última temporada, se fue el entrenador del equipo y me pidieron que terminara la temporada como “coach” del equipo.

Villalbinos por el Mundo: Justo ManriqueDesde ahí me pico el gusanillo de ser entrenador de fútbol y cuando fui a buscar trabajo después de acabar la carrera busqué trabajo como entrenador de fútbol compaginado con profesor de español en un instituto.

¿Quién me iba a decir, yo de profesor? Yo, que con las justas aprobaba mis clases en el tuto y que le hacia la vida imposible a mis profesores….

Pero bueno… Trabajar con chicos jóvenes que aman el fútbol es una de las mayores bendiciones que tengo en mi vida. Las otras son mi familia, mis amigos y mi esposa. En el 2008 me casé con la mujer más maravillosa que he conocido…. ¡Y pues aquí seguimos juntos y enamorados 8 años después!

Por último quiero daros las gracias, villalbinos, por haberme acogido en vuestro pueblo. Cuando yo llegue éramos muy poquitos los extranjeros en Villalba y puedo decir que a mí me hicisteis sentir querido y como uno más de vosotros. La gente de Villalba la tengo en mi corazón y con esto del internet y del Facebook aun puedo mantener las amistades que hice y que espero tenga para el resto de mi vida.

Para mí, Villalba era y es El pan del Burguiillo, los pollos de la Gaditana, las patatas fritas y el futbolín de El Zoco, las fiestas del pueblo, los encierros, las noches en el parque, los choricitos en el coto, la música en los coches aparcados en la laguna, los partiditos en el Jaime, en finis, en Las Suertes, cruzar Los Belgas o Las Bombas, escapadas a Los Negrales, los olores, los colores, los recuerdos y la gente. Siempre la gente. Gracias Villalba. Te echo de menos.

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